#VibraMexico y la danza de las mezquindades.- por Fernando Belaunzarán

#VibraMexico y la danza de las mezquindades.- por Fernando Belaunzarán

"Al CEU a 30 años de distancia.

Con la fuerza de la razón".

Uno elige sus batallas y a veces las batallas lo eligen a uno. Con Donald Trump me suceden ambas cosas. Aborrezco lo que hace, dice y representa, los antivalores fascistas que enarbola chocan de frente con mis ideas, convicciones y principios; desde que recuerdo he peleado por lo opuesto a lo que él alardea perseguir. Además, el recién presidente de los Estados Unidos ha convertido a México y los mexicanos en el blanco predilecto de sus ataques, en el obstáculo fundamental que tienen que vencer para hacer realidad su eslogan supremacista de “hacer América grande otra vez”, así como los judíos lo eran para el establecimiento de el “Imperio Ario” que gobernaría mil años en el discurso nazi –cuidando las proporciones. Por ello, yo elijo a Trump como mi adversario y él nos ha elegido a nosotros, a nuestros paisanos y al país. No tenemos para dónde hacernos.

Imaginarán entonces mi azoro cuando leo de manera reiterada este mensaje en redes sociales: “Trump no es nuestro enemigo”. ¿Perdón? Nos llama “delincuentes”, “asesinos” y “violadores”; asegura que nos aprovechamos de ellos y presiona empresas para quitarnos empleos; iguala indocumentados con criminales; hace gala de misoginia; discrimina a musulmanes; niega asilo a refugiados; llama a relanzar la guerra contra las drogas con un discurso belicista que no se escuchaba desde tiempos de Ronald Reagan; no oculta el deseo de tener bases militares en México; insiste en construir un muro que nos ofende y en humillarnos, haciéndonos pagar por él; presume el inicio de redadas antiinmigrantes. Pero se da lo inconcebible: sectores de la izquierda, fundamentalmente afines a Andrés Manuel López Obrador, minimizan la amenaza y hacen activismo para llamar a no participar en la “marcha unitaria” contra este presidente de Estados Unidos y sus groseras ínfulas imperiales. ¿Así o más surrealista?

La lamentable frase en cuestión tenía otra como complemento que le daba sentido: “Nuestro enemigo es Peña Nieto”. Extraño que vieran como excluyente tener más de un enemigo a la vez cuando suelen satanizar a cualquiera que discrepa de ellos. Por supuesto que la molestia con el gobierno mexicano está más que justificada. Tenemos un presidente rebasado por los problemas, desprestigiado con la corrupción y que parece navegar sin rumbo al frente de un régimen estructural y sistémicamente corrupto, disfuncional y que se sostiene por la impunidad. Yo mismo participé en la marcha que pidió su renuncia tras el imperdonable acto de campaña que le organizó a Trump en Los Pinos –que, no obstante su inmaculada convocatoria, acudimos mucho menos personas que a la marcha del domingo pasado.

Lo que resulta extraño es que no fueron las organizaciones convocantes de la marcha #VibraMexico quienes llamaron a la “Unidad Nacional entorno a Enrique Peña Nieto”, como falsamente lo difundieron, sino Andrés Manuel López Obrador (El Universal, Misael Zavala, 20 de enero de 2017, http://www.eluniversal.com.mx/articulo/nacion/politica/2017/01/20/amlo-plantea-pena-nieto-acuerdo-de-unidad-ante-donald-trump ). Y curiosamente, el primer saboteador de la marcha fue el propio gobierno, lo cual explica que se bajara de la Convocatoria la COPARMEX y que Isabel Miranda de Wallace convocara a una contramarcha explícitamente oficialista que generó conflicto, confusión y desconcierto en la opinión pública. Y es que en el propio texto convocante, si bien de manera ligera, había exigencias al gobierno. Además, con 80% de rechazo, cómo no iban a tener miedo de que la gente al tomar la calle expresara su patente indignación contra Peña Nieto. Patético que los marchólogos detractores subestimaran a los ciudadanos que suelen expresarse con libertad cuando se movilizan de manera independiente a las clientelas.

Es verdad que no sólo obradoristas participaron en el intenso sabotaje a #VibraMexico, pero se notó la participación activa de los dirigentes de Morena, de sus principales “influencers” en redes y de la acción coordinada de militantes y simpatizantes. Si bien AMLO guardó prudente silencio público, nadie se engaña de dónde vino la instrucción. Llama la atención la intensidad y beligerancia desplegadas porque había sido notorio y consistente el viraje a la moderación del ex jefe de Gobierno desde que retiró su demanda de “abrogación”de la reforma educativa para “no doblar al presidente”: propone una “amnistía anticipada”, incorpora a Esteban Moctezuma, llama a sus seguidores a no participar en las protestas contra el gasolinazo, se acerca con empresarios en los dos lados de la frontera y, como vimos, propone al presidente establecer un acuerdo de “unidad  nacional” para enfrentar a Trump. ¿Qué lo hizo cambiar de opinión, dar un salto para atrás y desatar una campaña que revive el discurso polarizante?

La Tesis Masiosare, que el presidente aprovecharía al “extraño enemigo” para reposicionarse y remontar milagrosamente su aplastante impopularidad con los llamados a la unidad, no se sostiene simplemente porque Enrique Peña Nieto no quiere confrontar a Donald Trump y junto con su Canciller novato apuesta a rescatar lo que aparezca vía el yerno más influyente de la Casa Blanca. Con actitud timorata, precavida y medrosa nadie explota el fervor patrio a su favor. Por lo mismo, lo que cabía esperar es que fuera también víctima y no beneficiario cuando la indignación ciudadana tomara la calle.

Es posible que la propuesta naive de uniformar a los manifestantes de blanco le trajeran a Andrés Manuel pirrúrricos recuerdos y pensara que eso denotaba intencionalidad en su contra, pero pienso que pesó más el temor de que emergiera un movimiento que eventualmente pudiera modificar el escenario de la elección presidencial. Frente al desgaste de partidos y políticos, un liderazgo ciudadano podría ser muy atractivo para amplios sectores de la población. En cualquier caso, el cálculo faccioso  se impuso al interés general de enfrentar la amenaza externa.

Acorde a los tiempos de posverdad, la propaganda orquestada para sabotear la marcha #VibraMexico estuvo plagada de mentiras y descalificaciones injustas hacia los convocantes. Resulta para mí aberrante que acusen de ser oficialistas a personas y organizaciones que han defendido los derechos humanos con gran profesionalismo y valentía frente a gobiernos autoritarios desde los tiempos que López Obrador todavía militaba en el PRI; lo mismo a quienes están enfrentando hoy  las presiones del ejército para tener un régimen de excepción e impunidad con la Ley de Seguridad Interior; a los que visibilizaron a las miles de víctimas de la guerra de Calderón; a quienes han defendido los derechos reproductivos de las mujeres en una sociedad machista y conservadora; a los que luchan por cambiar la trágica política de drogas; a quienes enfrentan amenazas a la libertad de expresión y protegen periodistas; a los que han conseguido avances históricos en transparencia y están en primera línea luchando por la rendición de cuentas y el combate a la corrupción;  a quienes han enfrentado las resistencias corporativas para que se imparta educación pública de calidad; a los que han enfrentado a los poderes fácticos para defender el derecho a la información de las audiencias. En lugar de establecer un diálogo con ellos, con lo mejor de la sociedad civil mexicana, el pejismo optó por poner a todos en el mismo saco de un fantasioso y delirante compló.  

Lo peor de todo es que no propusieron alternativa. Condenaron y sabotearon la marcha #VibraMexico sin convocar a nada. Como López Obrador quiere quitarse la etiqueta de rijoso y cubrirse el flanco del “peligro para México” incluso llamó, como ya dijimos, a los militantes de Morena a no sumarse a las protestas contra el gasolinazo (5 de enero, 2017). Es decir, su política para enfrentar estos tiempos inciertos y amenzantes es desmovilizar. Enrique Peña Nieto aplaude de pie.

Es verdad que el marcha no tuvo la asistencia que se esperaba y, por tanto, tampoco el impacto político deseable, pero dista de ser el fracaso que decretan quienes culpan a los convocantes como si no hubieran promovido una campaña sin precedente en contra de la movilización. La división de los organizadores alentada desde el gobierno, prolíficamente difundida por los medios, y la andanada de “hechos alternativos” que desde redes se lanzaron para desacreditar #VibraMexico generaron confusión y sembraron dudas en mucha gente de buena fe que tomaron distancia o incluso se sumaron a la andanada  inquisitorial que creía ver, en las impurezas ideológicas y demandas diluidas que por necesidad se encuentran en una convocatoria tan amplia y plural, la confirmación de las sospechas de manipulación inoculadas por los saboteadores.

Manifestar el consenso contra Trump sin renunciar a las diferencias fue el espíritu con el que  se convocó a #VibraMexico y lo que tanto espantó al gobierno. Y así sucedió. Las veinte mil personas que marchamos, no obstante la desinformación, confusión y calumnias, lo hicimos con absoluta libertad de expresarnos, de tal suerte que junto con el repudio al prepotente presidente norteamericano se escucharon muchas demandas y muy diversas. Nadie con un mínimo de honestidad intelectual puede sostener que fue a favor de Peña Nieto por la sencilla razón que hubo muchos y sonoros reclamos contra éste en toda la marcha y así fue consignado en las distintas crónicas. Es verdad que también acudieron personas que no les agradaba escuchar reclamos al presidente y aunque fueran pocas estaban en su derecho. Lo que no apareció por ningún lado fue la homogeneización de la protestas que con tanto ahínco y filosófica exaltación denunciaban.

Leo decir a varios de los notables saboteadores que “temían” las burlas de Trump por la escasa afluencia de manifestantes. La verdad es que no pueden ocultar que eso era lo que deseaban para poder culpar también de eso al convocante o convocantes predilectos de sus fobias. No les importa darle una victoria política al detestable racista si eso permite darle satisfacción a su viscera. Sería injusto señalar que la mezquindad y cortedad de miras es de su patrimonio exclusivo, reflejan la descomposición de la vida pública en México y el predominio de la visión facciosa en todos los ámbitos, algo que será difícil revertir con la sucesión presidencial cada vez más cerca. El punto es cómo hacer que la división, encono y vulnerabilidad crecientes en el país no sean aprovechadas por el enemigo imperial que nos asecha.

La marcha era importante para que se expresara en el espacio público el sentir de los mexicanos frente a la amenaza que Trump representa para el país, exigir transparencia y firmeza al gobierno mexicano en su relación con la superpotencia, solidarizarnos con nuestros paisanos que viven momentos de tensión incertidumbre y zozobra, concitar al apoyo internacional y manda un mensaje que alentara la importante batalla que están dando nuestro mejores aliados en Estados Unidos en un vigoroso y renacido movimiento por los Derechos Civiles. Quien participó en su boicot, de buena o mal fe, contribuyó a que esos objetivos no se cumplieran con la fuerza que la ocasión requería.

La periodista Leticia Robles de la Rosa, a quien conocí cubriendo la fuente universitaria en mis tiempos de activismo estudiantil, me dijo que el debate público sobre la marcha se asemejó a las Asambleas del Consejo General de Huelga de 1999. Me hizo pensar en los mensajes clasista ampliamente difundidos en redes que descalificaban apriori a los manifestantes por no saber usar el metro, por no haber marchado en su vida, porque no los vieron en las manifestaciones de Ayotzinapa, por ser fresas o ricos, por haber demandado represión contra activistas, etc, como si lo importante fuera saldar cuentas con la congruencia militante de los imaginarios marchistas y no el sentido político del evento, como si la inclusión no fuera algo para celebrar al fortalecer lo primordial, es decir, la causa.

Y recordé aquellas reuniones interminables a finales del siglo pasado en la UNAM, en como la ultra permitía participar sólo a quienes habían limpiado los baños, llamaban a cerrar los institutos porque  “trabajaban para las empresa trasnacionales” y acusaban de vender la huelga a los “pequeño burgueses del CEU histórico” por apoyar la propuesta de los eméritos, investigadores desconfiables por tener “sirvientas en  sus casas”. Sí, hay algo de victoria cultural del Mosh en el mezquino sabotaje a #VibraMexico.

 

Fernando Belaunzarán

Filósofo de formación, político de profesión, de izquierda por convicción, hereje por vocación... y diputado federal del PRD.